Los libertarios en el Concejo: mucho ruido, pocas soluciones

EDITORIAL | La Libertad Avanza llegó al Concejo Deliberante de Cañuelas prometiendo romper con la “casta”, bajar impuestos y transformar la política local. Ocho meses después, entre cruces, cambios de autoridades, expulsiones, licencias y denuncias, la pregunta inevitable es cuánto de aquella promesa se convirtió realmente en gestión legislativa.

Hay una pregunta que La Libertad Avanza debería empezar a responder en Cañuelas: ¿para qué llegaron al Concejo Deliberante?

No se trata de discutir si tienen derecho a criticar al gobierno municipal. Por supuesto que lo tienen. Tampoco de negarles legitimidad electoral: en las elecciones de septiembre de 2025 obtuvieron 10.908 votos, el 31,37%, y consiguieron tres de las nueve bancas que estaban en juego. El resultado les permitió convertirse en la primera minoría del Concejo.

El problema aparece cuando se compara esa expectativa con el desempeño posterior.

Porque una cosa es ser oposición y otra, bastante diferente, es convertir la oposición en una herramienta útil para los vecinos.

Y hasta ahora, el balance del bloque libertario deja demasiadas dudas.

Seis bancas y una enorme responsabilidad

Desde diciembre, La Libertad Avanza pasó a tener seis representantes sobre los 18 integrantes del Concejo Deliberante: Marcelo Bernasconi, Roxana Ruffo, Matías Delgado, Bautista Augusto, Patricia Rolandelli y Valeria Medina. Fuerza Patria quedó con diez y los dos lugares restantes corresponden a la UCR y al PRO.

Es decir: LLA no tiene mayoría, pero tampoco es un actor testimonial.

Tiene suficientes bancas para convertirse en una oposición relevante, marcar agenda, controlar al Ejecutivo, exigir información, impulsar ordenanzas y construir acuerdos.

Precisamente por eso resulta legítimo exigirle resultados.

Porque los concejales no fueron elegidos para producir videos, comunicados o peleas en redes sociales.

Fueron elegidos para legislar.

Algunas iniciativas existen. El problema es qué producen.

Sería injusto decir que los concejales libertarios no presentaron proyectos.

Lo hicieron.

Entre otras cuestiones, impulsaron pedidos de información sobre la situación epidemiológica del distrito, la recolección de residuos, la estructura de determinadas áreas municipales, el patrimonio inmobiliario y el funcionamiento del Hospital Ángel Marzetti.

También participaron activamente de la discusión sobre las tasas municipales.

Y en este punto hay que reconocerles algo: la discusión sobre determinados tributos locales produjo consecuencias concretas.

La presión política de LLA sobre la tasa vinculada a la desinfección de vehículos terminó acompañada por una decisión del Ejecutivo de eximir del pago a taxis, remises y combis. Los libertarios se atribuyeron el mérito de esa modificación y reclamaron avanzar hacia una eliminación más amplia.

Ese es exactamente el tipo de resultado que debería esperarse de una oposición: detectar un problema, documentarlo, llevarlo al recinto, discutirlo y conseguir una modificación.

Pero son ejemplos aislados.

Y una oposición de seis concejales necesita bastante más que eso.

La política del micrófono

Durante estos meses, en cambio, buena parte de la actividad pública del espacio estuvo atravesada por enfrentamientos.

Hubo acusaciones de censura, discusiones por el uso de la palabra, cruces con la Presidencia del Concejo, denuncias contra otros concejales y fuertes enfrentamientos políticos. En julio, Matías Delgado llegó a denunciar públicamente que existían mecanismos de “censura” dentro del recinto.

La pregunta es inevitable:

¿cuántos de esos enfrentamientos terminaron mejorando la vida de un vecino?

Porque denunciar que no dejan hablar puede tener valor político. Pero conseguir que se arregle una calle, que funcione un servicio, que se publique información que antes no estaba disponible o que se modifique una norma injusta tiene valor ciudadano.

La diferencia entre ambas cosas es enorme.

El problema que nadie esperaba: ellos mismos

Pero quizás el aspecto más llamativo de estos primeros meses no está en la relación con el oficialismo.

Está dentro de la propia oposición libertaria.

La primera sesión ordinaria de 2026 terminó con la expulsión de Valeria Medina del bloque de La Libertad Avanza, en un episodio que expuso las diferencias existentes entre los libertarios y el sector vecinalista con el que habían construido alianzas.

Después llegaron cambios en la conducción.

Bautista Augusto dejó la presidencia del bloque y fue reemplazado por Matías Delgado, una decisión que generó especulaciones sobre las internas del espacio.

Y ahora, en agosto, apareció otro episodio difícil de ignorar: Marcelo Bernasconi pidió una licencia de 60 días y su reemplazo quedó envuelto en una situación reglamentaria que terminó provocando nuevos movimientos dentro del bloque.

Según informó NacPop, Romina Cassia no podía asumir por una incompatibilidad vinculada a su actividad en el Hospital Marzetti; Norberto Moldes decidió no ocupar la banca y finalmente el lugar quedó para Mabel Casanova.

Todo esto ocurre apenas meses después de que el propio espacio obtuviera una representación política importante.

Y obliga a formular una pregunta incómoda:

¿cómo pretende una fuerza política administrar un municipio si todavía tiene dificultades para administrar su propio bloque legislativo?

De “romper la hegemonía” a discutir entre ellos

Marcelo Bernasconi había llegado a la campaña de 2025 con un discurso claro: quería “romper la hegemonía del oficialismo” y abrir el Concejo a nuevas posibilidades.

Además había señalado una agenda concreta: mejorar la gestión de residuos, ordenar el tránsito, implementar el estacionamiento medido, llevar infraestructura a los nuevos loteos y reestructurar el sistema de atención primaria y el Hospital Marzetti.

Son problemas reales.

Nadie puede discutir que Cañuelas necesita discutirlos.

Pero una campaña electoral se evalúa por promesas y una banca se evalúa por resultados.

Y ahí aparece el déficit.

Porque todavía cuesta encontrar una transformación legislativa significativa asociada directamente con esa agenda.

El estacionamiento medido sigue siendo una discusión.

Los problemas de tránsito continúan.

La expansión urbana y la infraestructura de los nuevos loteos siguen siendo un problema.

La gestión de residuos continúa formando parte de los pedidos de información.

Y el Hospital Marzetti sigue siendo objeto de cuestionamientos y reclamos.

El bloque tiene derecho a denunciar esos problemas.

Pero después de meses de ocupar las bancas, también debería empezar a mostrar qué consiguió cambiar.

La oposición no puede ser solamente una conferencia de prensa permanente

Hay una tentación muy fuerte en la política contemporánea: confundir visibilidad con resultados.

Un concejal puede conseguir cientos de reproducciones con una denuncia.

Puede protagonizar un cruce.

Puede publicar una frase contundente.

Puede hablar de “casta”, “kirchnerismo”, “libertad”, “corrupción” o “gasto”.

Pero ninguna de esas palabras arregla una calle.

Ninguna consigue un turno médico.

Ninguna mejora la recolección.

Ninguna ordena el tránsito.

Ninguna genera una ordenanza.

Y ninguna reemplaza el trabajo parlamentario.

El Concejo Deliberante no es un estudio de televisión.

Es el lugar donde se dictan las normas que afectan directamente a los vecinos.

Por eso el verdadero examen de LLA no debería ser cuántas veces enfrentó al oficialismo.

Debería ser:

¿Cuántos proyectos propios llegaron al recinto?

¿Cuántos fueron aprobados?

¿Cuántos modificaron efectivamente una política municipal?

¿Cuántos problemas concretos de Cañuelas fueron solucionados como consecuencia de su intervención?

Esas son las cifras que los vecinos tienen derecho a conocer.

También hay que reconocer cuando hacen algo bien

Una crítica seria no puede convertirse en propaganda inversa.

LLA ha logrado instalar discusiones que antes no tenían suficiente presencia pública.

La cuestión tributaria es un ejemplo.

También hubo pedidos de información que obligaron al Ejecutivo a responder sobre cuestiones vinculadas con salud, residuos y funcionamiento administrativo. En algunos casos, incluso se alcanzaron acuerdos con el oficialismo: por ejemplo, un pedido sobre información epidemiológica fue acompañado por el resto del cuerpo, mientras que otro referido a la recolección de residuos fue girado a comisión para profundizar la información.

También Ruffo asumió la presidencia de la Comisión de Medio Ambiente, un espacio institucional desde el cual podría desarrollar una agenda propia mucho más profunda.

Es decir: herramientas tienen.

Lo que todavía falta demostrar es cuánto están dispuestos a utilizarlas para construir.

La vara debe ser más alta

Quizás el mayor problema de La Libertad Avanza en Cañuelas no sea que critique demasiado.

Es que prometió una forma diferente de hacer política y corre el riesgo de terminar haciendo exactamente aquello que decía combatir.

Internas.

Personalismos.

Cruces.

Denuncias.

Cambios de conducción.

Disputas por espacios.

Licencias.

Acusaciones.

Y mientras tanto, el vecino espera.

Es particularmente paradójico que un espacio que construyó buena parte de su identidad política alrededor de la crítica a la “casta” termine protagonizando buena parte de sus noticias por cuestiones internas del propio espacio.

La política puede ser intensa.

Puede ser confrontativa.

Puede ser incómoda.

Pero debería ser, antes que nada, útil.

El desafío para LLA

La Libertad Avanza tiene todavía tiempo para cambiar el rumbo.

Cuenta con seis bancas, comisiones, capacidad de interpelación y una base electoral superior al 31% en las últimas elecciones legislativas.

No es poco.

Pero tampoco es un cheque en blanco.

Si realmente quiere convertirse en alternativa de gobierno en Cañuelas, tendrá que pasar de la denuncia a la propuesta; de la propuesta al consenso; y del consenso al resultado.

Porque dentro de dos años los vecinos no van a recordar cuántas veces un concejal levantó la voz.

Van a recordar si algo cambió.

Y ese es el verdadero desafío de La Libertad Avanza en Cañuelas:

dejar de demostrar que puede hacer ruido y empezar a demostrar que puede hacer política.

EDITORIAL CAÑUELAS EN RED

Esta editorial expresa una posición crítica del medio a partir de información pública y del análisis de la actividad legislativa. Las afirmaciones sobre proyectos, votaciones, cambios internos y decisiones institucionales se encuentran respaldadas por fuentes periodísticas y registros electorales consultados.

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