El Municipio anunció la construcción de 30 nuevas rampas de accesibilidad en distintos puntos del distrito. La iniciativa es positiva, pero abre una pregunta inevitable: ¿cuánto falta todavía para que Cañuelas sea realmente una ciudad accesible?
Leer más: 30 nuevas rampas para Cañuelas: un avance necesario, pero todavía insuficienteUna rampa puede parecer una obra pequeña. Unos metros de hormigón, una pendiente, un cordón rebajado.
Pero para una persona que utiliza una silla de ruedas, para alguien con movilidad reducida o incluso para un adulto mayor, esos pocos metros pueden significar algo mucho más importante: poder cruzar una calle sin depender de otra persona.
Por eso, el anuncio de la construcción de 30 nuevas rampas de accesibilidad en distintos puntos de Cañuelas merece ser recibido como una buena noticia.
La obra forma parte del Plan Municipal de Accesibilidad y es impulsada por la Secretaría de Relaciones Institucionales y Discapacidad. Desde el Municipio señalan que el objetivo es avanzar en la eliminación de barreras arquitectónicas y mejorar la circulación por el espacio público.
Hasta ahí, poco hay para discutir.
El problema aparece cuando uno mira un poco más allá del anuncio.
¿Dónde estarán las rampas?
La primera pregunta que seguramente se harán muchos vecinos es bastante sencilla:
¿Dónde se van a construir?
El anuncio habla de 30 nuevas rampas, pero no detalla las esquinas, calles o barrios que serán beneficiados con esta etapa.
Y el dato no es menor.
Porque no todas las zonas de Cañuelas tienen las mismas necesidades. Hay lugares donde una persona puede encontrarse con una vereda rota, un cordón imposible de superar o directamente con la ausencia total de una alternativa accesible.
Conocer la ubicación permitiría también a los propios vecinos identificar las necesidades que todavía quedan pendientes.
¿Cuánto cuesta?
Hay otra información que tampoco aparece en el anuncio: el costo de la obra.
Cuando hablamos de recursos públicos, saber cuánto se invierte no debería ser considerado un detalle secundario.
No porque haya que cuestionar automáticamente cada peso gastado, sino porque la transparencia también forma parte de una buena gestión.
¿Cuánto se destinó a estas 30 rampas?
¿Se ejecutan con personal municipal o mediante contratación externa?
¿Existe un presupuesto total para el plan?
¿Hay empresas contratadas?
¿En qué plazo estarán terminadas?
Son preguntas sencillas y perfectamente razonables.
Cañuelas ya tuvo otros planes
Además, las rampas no son una novedad en la agenda municipal.
En 2019 ya se había anunciado un plan de accesibilidad urbana que contemplaba la construcción de 52 rampas y la reparación de otras 76, junto con trabajos sobre veredas.
Eso permite entender que estamos frente a un problema que lleva años.
Y quizás también permite formular una pregunta más incómoda:
¿Cuántas de esas rampas proyectadas se hicieron realmente y en qué estado se encuentran hoy?
Porque construir infraestructura es importante, pero mantenerla también lo es.
Una rampa bloqueada por un vehículo, deteriorada, demasiado inclinada o conectada con una vereda intransitable puede terminar siendo prácticamente inútil.
La accesibilidad no termina en el cordón
Hay algo que a veces se pierde de vista cuando se habla de accesibilidad.
Una ciudad accesible no se construye solamente con rampas.
También necesita veredas transitables, cruces seguros, señalización, transporte adecuado, espacios públicos accesibles y controles que eviten que los obstáculos terminen ocupando los lugares destinados a la circulación.
¿De qué sirve una rampa perfectamente construida si al llegar a la vereda hay un poste en el medio?
¿De qué sirve un cruce accesible si un auto queda estacionado sobre la senda?
¿De qué sirve bajar el cordón si después hay diez metros de vereda rota?
La accesibilidad es una cadena. Si un eslabón falla, el recorrido completo puede volverse imposible.
Una buena noticia que necesita continuidad
Las 30 nuevas rampas son, sin dudas, un paso en la dirección correcta.
Pero sería un error presentar una obra de estas características como si el problema de la accesibilidad estuviera resuelto.
Cañuelas creció. Crecieron sus barrios, aumentó la circulación y también aparecieron nuevas necesidades.
Por eso, quizás el desafío más importante sea que la accesibilidad deje de ser vista como una serie de obras aisladas y pase a formar parte de la planificación cotidiana de la ciudad.
Que cada nueva vereda, cada pavimento, cada plaza, cada edificio público y cada obra urbana sea pensada desde el principio para todos.
Y que exista información pública suficiente para que los vecinos puedan saber qué se prometió, qué se hizo y qué queda por hacer.
La pregunta que queda
Treinta rampas son treinta obstáculos menos.
Y eso importa.
Pero si hace siete años Cañuelas ya hablaba de construir y reparar más de un centenar de rampas, es razonable preguntarse cuánto queda todavía pendiente.
¿Cuántas esquinas de Cañuelas siguen siendo inaccesibles hoy y cuánto tiempo tendremos que esperar para que ninguna persona tenga que elegir entre bajar a la calle o pedir ayuda para cruzar una esquina?
Porque la verdadera medida de una ciudad accesible no debería ser cuántas rampas inauguró.
Debería ser si todos pueden recorrerla sin que la ciudad les diga, en cada esquina, que no fue pensada para ellos.
CAÑUELAS EN RED — Información en primera persona.
















